Imagina

cinta Por Leticia Martínez/Tomado de Cubahora

¿Se imaginan que alguna de estas tardes Gerardo pase a buscar a Adriana para tomarse un helado juntos en el Coppelia de las colas kilométricas? ¿Se imaginan que ella abra la puerta de la casa y allí esté el amor de su vida pintándole todos los monos que siempre la estremecieron de risa? ¿Se los imaginan mirando juntos, alelados, la ecografía del bebé soñado por tantos años? ¿Se imaginan a Adriana lavando y a Gerardo alcanzándole las piezas de ropa recién usadas por él, esas que ella lavó, planchó y volvió a guardar durante “siglos” como recurso estremecedor para aplacar la nostalgia?

¿Se imaginan a Mirta, la madre que quiere mantenerse sana para su hijo, llevándole una taza de café a Tony, mientras este pinta la mariposa que habita en el patio de su casa? ¿Se imaginan que pudiéramos escucharlo cantando a viva voz El Necio, se lo imaginan cantando frente a nosotros aquello de “yo me muero como viví? ¿Se imaginan que Mirta logre borrar de un plumazo aquel día de las Madres cuando no le permitieron entrar a ver a su hijo por los metales que tiene implantados en sus caderas?  ¿Se imaginan que pudiéramos dar vuelta atrás al tiempo y esté Tony en la boda de su hijo?
Y como imaginar no cuesta, sino da fuerzas al alma, se me antoja ver a Magalys abrazada a su hijo, olvidada de ese temor que la persiguió siempre, de ese miedo a no poder estar en el regreso porque los años no perdonan. Me imagino entonces a Rosa sentada de nuevo en las piernas de Fernando, allí en el balcón de su casa donde él le leía a Vallejo, a Neruda, a Dalton, y la esperaba en la noche a su regreso del trabajo. Me los imagino viendo de nuevo Fresa y Chocolate, la última peli que disfrutaron juntos, o tomando el café en la cama porque ya lo contó Rosa: “Por la mañana, él se levantaba como un cohete para usar el baño primero, afeitarse, y para que no le tomara la delantera, me traía el café a la cama. Yo fumo y, por supuesto, después del café venía un cigarro, y así le iba dando tiempo a él. Esa es una de las cosas que más extraño”.
Y entonces sigo suponiendo: ¿Se imaginan a Ramón sentado con sus tres hijas en cualquier parque de esta ciudad, mientras ellas le cuentan del estudio, el trabajo o los novios? ¿Se imaginan a Elizabeth haciendo cumplir su promesa de que la única cadena perpetua que cumpliría Ramón sería con ella? ¿Se lo imaginan a él disfrutando cada segundo de la voz de su esposa, esa que alguna vez dijo era su paraíso? ¿Se imaginan a Elizabeth pasando las manos tiernas por las piernas de su amado, esas que sufren ahora de una artrosis mal tratada?
Y de tanto imaginar veo a René sin ese peso que le nubla la sonrisa. Lo sorprendo, o me sorprende, caminando con Gerardo, Antonio, Fernando y Ramón por cualquier calle de esta Isla. Veo cumplidos los cuatro deseos que pidió hace unos días al poner una cinta amarilla alrededor de la ceiba que recuerda la fundación de La Habana. Sí, porque la tradición habla de tres, pero él le robó uno más a la leyenda porque tiene cuatro hermanos que rescatar.
Por eso no quiero seguir imaginando, ahora veo y vivo una Cuba llena de cintas amarillas, un país contagiado por un activismo que hacía años no disfrutaba. He colgado dos lazos en mis ventanas con las tiras de lo que alguna vez fue un pulóver, he salido junto a mi hija con nuestras cintas atadas a las muñecas, he sido testigo de amigos que han cortado la cinta que marca las páginas de ciertas agendas o que han roto los viejos pantalones del  uniforme de secundaria para inundar de amarillo sus espacios.
Quiero que ahora dejemos de imaginar para que los quince años de su encarcelación basten; para que las madres dejen de llorar y temer por el tiempo que las vuelve ancianas; para que las esposas dejen de extrañar los besos, los poemas, los cafés, las caricias; para que los hijos dejen de vivir a sus padres en el ignominioso espacio de una cárcel, para que a Cuba le sanen sus heridas. Entonces no imaginemos, demos por cierto que este tendrá que ser el último amanecer sin ellos.

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Acerca de Jóvenes por los 5

Jóvenes cubanos que luchamos desde las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones por abrir paso a la verdad y la justicia. Formamos parte del movimiento mundial de solidaridad que luchó por la liberación del grupo internacionalmente conocido como los Cinco Héroes Cubanos o los Cinco de Miami, condenados injustamente a largas penas de prisión en cárceles de Estados Unidos por el cuyo único delito de defender a su pueblo de los actos terroristas organizados de manera impune desde el propio territorio norteamericano.

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