#AnaBelenMontes y la farsa del “deshielo”

ana-belen-montes-libertadSi la Casa Blanca no indulta a Ana Belén Montes, el cacareado “deshielo cubano” es solo la mayor trampa política del siglo XXI.

Por Douglas Calvo Gaínza

Voy a oponerme a mis propias creencias y aceptaré una serie de premisas: sí, Ana Belén Montes fue una cruel y maléfica espía, sin entrañas ni corazón, la cual lesionó horrorosamente la sacrosanta Seguridad Nacional de los Estados Unidos, para servir a una agresiva potencia extranjera: la temible, amenazadora y terrorífica Isla de Cuba. Concedido: ella no sólo es culpable, sino también una malhechora sádica y perversa, para quien ese escarmiento inquisitorial que hoy padece en la humanitaria y caritativa penitenciaría de Carswell, es un suplicio más que merecido.

Pues bien, ¿y qué hay del derecho al indulto? ¿Es éste aplicable a su persona, hoy que el Presidente y el Secretario de los Estados Unidos (ese país perpetuamente “amnistiado”, pese a sus incansables fechorías por todo el orbe), anuncian un reacercamiento a La Habana, usando palabras que en ocasiones parecen extraídas del mismísimo alegato de Ana Belén Montes ante su tribunal?[1] Casi se diría que ella luchó para que tuviera lugar todo lo que aparentemente (entre sonrisas, visitas de funcionarios, brindis y otras melifluas finuras) acaece hoy por parte de Norteamérica hacia Cuba. En consecuencia, ¿por qué no simplemente indultarla, ya que ella fue una precursora en el proceso conducente a esta alegada rectificación actual de arcaicas pifias yanquis ante la Revolución caribeña, y a la vez una pionera del anhelo de renovaciones y futuros mejores para ambas naciones?

Que no se esgrima el tema de la “traición” o el “espionaje” como delitos federales imperdonables, pues en ese ininteligible país, el indulto ha jugado históricamente un papel mucho más controversial y mórbido del que aparentaría a primera vista. Y es que, hablando claramente, los intereses políticos dictaminan tales perdones. Si hay voluntad real en las grandes esferas de influencia y los Lobbies, al punto entra en acción la aprovechada conmiseración de la Casa Blanca, como ocurrió con Oliver North, Poindexter, Negroponte et alia, perdonados por George H. W. Bush tras violar más de una decena de leyes nacionales e internacionales durante el Irangate. Y como ha sucedido en decenas de casos, algunos de los cuales referiremos en este escrito.

Si tomamos en cuenta que entre los mismos originadores de dicha nación hubo algún que otro importantísimo colonizador, el cual debió a su indulto por Inglaterra el derecho a inmigrar hacia América (como John Lothropp, ancestro del poeta Longfellow, del fundador de los Mormones, y de Franklin Delano Roosevelt), es comprensible que tal procedimiento legal se ejerciera desde muy temprano en la Historia estadounidense.  Por ejemplo, en el siglo XIX hubo indultos no sólo para desertores aislados como John Riley durante la guerra contra México, sino que se perdonó masivamente al más de un millón de milicianos rebeldes confederados, quienes con su amotinamiento pro-esclavista ocasionaron una carnicería alucinante de vidas norteamericanas, y pusieron en peligro la existencia misma de la Unión[2]. De hecho, el propio líder subversivo Jefferson Davis no padeció sino una tranquila reclusión por dos años, y tras efímera expatriación, a la postre pudo retornar pacíficamente a ese mismo país cuya ruina y hecatombe tanto procuró.

¿Podrá compararse la famosa felonía de Ana Belén Montes con la de aquel usurpador retrógrado, responsable de sostener una sedición implacable y sanguinaria que eliminó a más del 3% de la población de los Estados Unidos? En lo absoluto. Pero los círculos de poder necesitaban la reunificación nacional, y con gran pragmatismo optaron por una muy calculadora indulgencia.

Y conste que ni para perdonar a nadie antes, ni tampoco hoy para agraciar a Ana Belén Montes, es necesario un respaldo masivo del pueblo norteamericano. No. Hubo momentos cuando los indultos se concedieron contra la voluntad de una grandísima parte de la población estadounidense, como en el caso del doctor Samuel Mudd (cruel esclavista y colaborador activo en el magnicidio de Abraham Lincoln), o en el de Richard Nixon, el “Presidente-espía”, quien desde el solio autorizó toda suerte de ilegalidades (robo, fraude, falsificaciones, cohechos…) y se hundió estrepitosamente tras el escándalo de Watergate… sólo para ser indultado magnánimamente por su sucesor[3]. Sea: admitamos una vez más la perversa malignidad de la agente hoy prisionera. Como quiera, ni ella ayudó a asesinar al Cabeza de Estado más digno de la Historia yanqui, ni tampoco cometió sus actos ilegales desde un puesto de tan suprema responsabilidad como la propia Dirección Ejecutiva de ese país. Pero a los poderosos les interesaba sosegar la tormenta y la Casa Blanca ostentó de nuevo su muy interesada y egoísta clemencia[4].

Pero la sórdida piedad de la muy sensible y tierna Casa Blanca alcanza el culmen de lo radicalmente repugnante, cuando se exhibe calculadora hacia empedernidos criminales de guerra.

Tras desarrollar, usando a mano de obra esclava de los campos de concentración, aquellos fatídicos misiles V2 que cobraron las vidas de cientos de civiles ingleses, el ingeniero nazi Werner von Braun (con tantas muertes sobre su consciencia, sea de entre los siervos de la gleba o de entre los alcanzados por sus cohetes), terminó sus días laborando tranquilamente para el ejército yanqui y la NASA. De haber tenido la oportunidad, él hubiera arrasado a New York con sus proyectiles que tanto entusiasmaban a Hitler. Pero se le perdonó sin reservas, con la benevolencia típicamente ambiciosa y acaparadora de Washington, inmerso en la “Guerra Fría”. ¿Será Ana Belén Montes peor que ese inexorable e inclemente fascista?

¿Será ella más indigna de condescendencia por parte de la Casa Blanca, que el Mayor General Reinhard Gehlen, integrante de la alta cúpula de la Wehrmacht hitleriana, quien no sólo fue silenciosamente eximido de cargos por sus captores yanquis, sino que además fue utilizado como súper-agente de la Inteligencia norteamericana, y pudo crear una organización pro-CIA que agrupaba una cantidad indeterminada de esbirros de las vencidas Gestapo y SS, ayer alzando el brazo ante el Führer y hoy cuadrándose al servicio de ese mismo misericordioso y filantrópico Washington, tan indulgente con los asesinos y sádicos que le convienen, y a la vez tan iracundo contra una mujer acorralada?[5]

¿Será Ana Montes más cruel que el nazi Klaus Barbie, torturador y homicida de miles de personas en Francia, aquél que deportaba a los niños hacia Auschwitz y exterminaba a los líderes de la Resistencia? Lo dudo. Y sin embargo, “En la primavera de 1947, Barbie comenzó a trabajar para el Cuerpo de Inteligencia del Ejército de los Estados Unidos. Se volvió un informante tan valioso, que sus superiores lo protegieron de los intentos franceses para extraditarlo, y lo ayudaron a escapar a Bolivia” (Enciclopedia Judaica).

¿Por qué los yanquis, tan severos con la boricua, no condenaron a los siniestros doctores japoneses del Escuadrón 731? Si se considera como un grave delito imperdonable el haberle transmitido a La Habana informaciones sobre los intentos de agresión en su contra, ¿qué decir de aquellos científicos nipones que sin anestesia abrían los vientres de mujeres preñadas, amputaban y recosían los miembros externos y los órganos internos de los cuerpos inermes, asfixiaban y envenenaban, exponían a radiaciones, e inyectaban a los cautivos agua de mar, orina animal y otros productos ponzoñosos para el organismo humano? ¿Quién representó un mayor peligro para la Seguridad Nacional de los Estados Unidos, la solitaria Ana Montes induciendo a creer que La Isla no ameritaba una invasión, o aquellos torturadores causantes de miles de muertes civiles y representantes de un Imperio que – a diferencia de Cuba – sí libró una violentísima guerra contra USA donde pereció la flor y nata de la juventud norteamericana? Y a los cuales, pese a sus desmanes, sigilosamente se les excusó, para que ayudaran a desarrollar los programas de guerra biológica del Pentágono.

En cuanto a las barbaridades cometidas por su propio US Army, la munificencia, generosidad, altruismo, tolerancia y comprensión de la Casa Blanca no conoce límites. Como es obvio, el teniente Calley quien dirigiera un frenesí de fuego arrasador, violaciones pedófilas y mortandad en masa de todo lo vivo dentro de la pequeña aldea vietnamita de My Lai, aniquilando a cientos de ancianos, mujeres y niños, disfrutó la acogedora sombra de su domicilio durante tres años, para al fin ser magnánimamente perdonado. Tampoco el general Miller, quien en Guantánamo e Iraq auspiciara las torturas a detenidos como sodomía forzosa, golpizas, choques eléctricos, asfixias, amenazas con perros y otras ingeniosidades macabras, ha sido condenado a cadena perpetua por sus crímenes contra la humanidad. Y para concluir, hablando de “damas  fatales”, la mujer-soldado Lynndie England quien se fotografiaba en Abu Ghraib arrastrando por dogales como a perros a los prisioneros iraquíes y sonriendo sobre sus cuerpos desnudos obscenamente amontonados, para escarnecer su religión y cultura, fue sentenciada a tres años de presidio… para cumplir sólo la mitad de su sanción. Hoy está libre y sin arrepentirse de sus “hazañas”, pese a que su indecente orgía conllevó a la posterior decapitación de otro norteamericano. ¿Por qué no aplicarle la misma severidad a esta encantadora damisela, que ésa descargada sobre Ana Montes so pretexto de la muerte del Boina Verde en el Salvador? La respuesta es simple: la política determina los indultos, y Washington está en guerra contra el Medio Oriente.

Ahora bien, quizás uno de los más prominentes agraciados por la utilitaria misericordia de la Casa Blanca, fue el inefable estratega Lyman Louis Lemnitzer, Cabeza del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos y principal asesor militar del Presidente yanqui entre 1960 y 1962. Al parecer admiraba los beneficios que el incendio del Reichstag berlinés en 1933, produjo para Hitler y Göring, e imitando a tan excelsos paradigmas de liderazgo, hacia 1962 planificó culpar a Cuba por una serie de ataques de “falsa bandera” anti-USA, ejecutados por los propios halcones del Pentágono[6].

Obcecado por el ansia de provocar un conflicto bélico entre la súper-potencia norteña y la Perla de las Antillas (con sus imprevisibles bajas para ambas partes), cometió primero traición contra la Seguridad Nacional de su Patria, y luego perjurio ante el Congreso.[7] Como consecuencia de tantas alarmantes perfidias y deslealtades contra su propio pueblo (al cual arrastraba hacia una desatinada y artificiosa contienda, amarga y plena de sombríos augurios), el militarista yanqui sufrió un correctivo ejemplarizante: su transferencia a Europa como cabecilla de la OTAN.[8]

Por fortuna, las bombas no llovieron sobre La Habana ni los marines desembarcaron en las playas de Cuba, y ello en gran medida gracias a Ana Belén Montes, quien laborando en lo oculto, siempre solitaria, rodeada de peligros y sin pensar en sí misma, le legó su libertad, su felicidad, su sol, su alegría, y toda compañía tierna, a los niños cubanos y a las madres norteamericanas. Pero ahora que impera una mayor cordura, y según Kerry, podemos “satisfacer las necesidades de nuestros pueblos con políticas para mejorar el futuro” sin resbalar hacia una atroz contienda bélica, nadie más calificado que ella para recibir el muy merecido indulto, tras luchar contra una estrategia que ya la propia Casa Blanca aparenta desestimar. Pues los ideales que movieron a la arriesgada actuación de esa prisionera de conciencia, coinciden con la supuesta actual reparación por USA de su tétrico ayer respecto a la Patria de Martí. Empero, la rea progresista sigue hundida en su infierno carcelario ¿Por qué?

¿De veras que la recluida Ana Belén Montes es peor que otros infractores de las leyes estadounidenses, así sean asaltantes de bancos, líderes de la Cosa Nostra, altísimos funcionarios corruptos, Presidentes falsificadores, insurrectos luchadores contra el poder federal, ayudantes en magnicidios, evadidos en tiempos de guerra y militares culpables de genocidio, quienes o han provocado directamente la muerte de otros cientos de miles de norteamericanos y aun pretendido el fin mismo de la Unión, o han cometido acciones repulsivas cuyas represalias han afectado a sus propios compatriotas? ¿Honestamente puede alguien afirmar, que esa reclusa es más “imperdonable” que los feroces exterminadores SS nazis y los monstruosos experimentadores con bebés del Imperio del Japón, quienes coaligados libraron enconados y sanguinarios conflictos bélicos contra Norteamérica, asesinando a millares de jóvenes de ese país? ¿Por qué los EEUU se “apiadan” tan blanda y dulcemente de los más empedernidos enemigos de USA, y del género humano como un todo, y a la vez atropellan con semejante inclemencia e inhumanidad a esa mujer sin derechos?

Creo que hay dos motivos. Uno, porque ella es puertorriqueña como Lolita Lebrón, y los yanquis le temen al nuevo despertar de un pueblo colonizado que ya ha dado muestras de gran valor, y que a la larga, consiguió la amnistía de casi todos sus presos independentistas. Dos, porque si es la política y la voluntad de los centros de poder la que dicta los indultos en Norteamérica, es obvio que no ha habido ninguna reforma real en las intenciones de La Casa Blanca respecto a Cuba, sino que éstas siguen siendo las mismas de siempre, aunque ahora el lobo se revista con piel de cordero.

Basta ya. ¿A quién pretenden engañar? Si los yanquis no acceden a conmutarle a esa cautiva tal excesiva penitencia, impuesta a su persona por haber soñado con un reacercamiento pacífico e igualitario entre Washington y La Habana, entonces, simplemente, ¡que no finjan más, que no disimulen más, que no mientan más! Pues Ana es la prueba radical e incontrovertible de la falsa buena voluntad de la Casa Blanca respecto a ese pueblo tan levantisco desde 1959, y del verdadero odio y malevolencia incurables de los magnates norteños hacia La Isla insurrecta.

Si honradamente aspiran a enmendar su prestigio ante Latinoamérica y el mundo, por el cese de su revulsiva y bestial embestida anticubana a lo Goliat contra David; si en efecto quieren vincular “pueblo con pueblo”, y que sus agencias turísticas faciliten a cada familia de Boston o Cincinnati el poder hospedarse felizmente en el Meliá Cohíba, a fin de disfrutar de los ritmos y playas caribeñas;  si con sinceridad aspiran a que nuestras vacunas biotecnológicas mejoren la salud de los ciudadanos estadounidenses, o si acarician la idea de nuevos mercados vírgenes y fértiles para sus industrias, donde el Habano y el ron se vendan en cada Mall y Shopping Center desde Washington hasta Luisiana, y nuestro níquel se incorpore sin trabas a sus sofisticados laboratorios, sus novísimas computadoras, y sus innovadores equipos médicos; en fin, si de veras aspiran a la “normalización” y a la política de buena vecindad entre Estados Unidos y Cuba… entonces, ¡que nos devuelvan a la compañera que luchó precisamente para que nuestras dos naciones pudieran desarrollar todos esos vínculos y cohesiones!

Pero si todo este “deshielo” es una farsa (que así lo demuestran mil y un indicios, incluyendo el obstinado aprisionamiento medieval de Ana Belén Montes), pues bien, ¡que se quiten ya el antifaz y sin más disfraces arremetan con sus armas de destrucción masiva contra Cuba, haciendo gala de esa enorme “bravura” que habitualmente demuestran contra los pueblos pequeños! Ésa será su peor catástrofe y bancarrota espiritual, en picada rumbo al inexorable estercolero de la Historia. En cuanto a nosotros, ellos podrán barrernos desde Oriente hasta Occidente, y convertir este archipiélago en un desierto yermo; pero así y todo, mientras perdure sobre este planeta el Homo Sapiens, ¡también persistirá el magnético e inmortal ejemplo de la Revolución cubana, con su valentía y solidaridad sin parangones para con todo el género humano!

__________

Notas

[1] (Ana Montes): “Yo considero que la política de nuestro gobierno hacia Cuba es cruel e injusta, profundamente inamistosa” – (Barack Obama, 28 de septiembre del 2015): “Debemos ser lo suficientemente fuertes para reconocer que lo que estábamos haciendo no estaba funcionando.”

(Ana Montes): “Mi mayor deseo sería ver que surja una relación amistosa entre Estados Unidos y Cuba. Espero que mi caso, en alguna manera, estimule a nuestro gobierno para que abandone su hostilidad en relación con Cuba y trabaje conjuntamente con La Habana, imbuido de un espíritu de tolerancia, respeto mutuo y entendimiento.” – (John Kerry, 20 de Julio del 2015): “Estamos decididos a vivir como buenos vecinos sobre la base del respeto mutuo, y queremos que todos nuestros ciudadanos en Estados Unidos y en Cuba miren hacia el futuro con esperanza (…) Tenemos que seguir avanzando en ambos países y tenemos que trabajar de manera abierta y con respeto.” Etcétera.

[2] Un acto que, en cuanto a magnitud, nos recuerda la amnistía masiva por Jimmy Carter a los miles de desertores y prófugos encarcelados desde la agresión a Vietnam. Ellos también “traicionaron” a su Patria en tiempos de guerra. Y sin embargo, fueron astutamente excusados. Así se rectificaba en algo, a regañadientes, el error de aquella inhumana campaña en Asia, con lo que se purgaba un poco la virulenta imagen guerrerista del Imperio, para dar una leve impresión de cierta liberalidad pacifista.

[3] Quien como dato curioso, indultó asimismo a la llamada “Rosa de Tokio”,  locutora de la guerra psicológica por parte del militarismo nipón durante la Guerra del Pacífico.

[4] Por cierto que el soplón William Mark Felt, ése quien por vía del Washington Post conllevó a la ruina de Nixon, fue condenado por participar en los ilegales “robos del FBI”, y luego indultado por Reagan, debido a que había delinquido “de buena fe”.

Pues bien, si la obediencia a aquello que se cree “justo” es considerada como un factor estimulante para los perdones, Ana Belén Montes cae en pleno dentro de la categoría de una “verdadera creyente” que actúa movida por ideales, y no por codicia o prevaricación. En ese sentido, indultarla se armonizaría con lo hecho por Carter con Patty Hearst, esa jovencita que llegó a identificarse con una izquierda extraviada, y a auto-denominarse “Tania” como la Guerrillera, y así, movida por anhelos “revolucionarios” más que descarriados, atacó bancos y terminó en presidio. Pero en menos de dos años se reconoció su “lavado de cerebro” comunista y actuó una intrigante condescendencia ante su “idealismo juvenil”, que la liberó varios meses más tarde. ¿Acaso no podrían tenerse consideraciones semejantes con esta portorriqueña analista de la DIA, seducida por la pérfida propaganda castrista? Obviamente sí. Sólo que, a diferencia de Ana Belén Montes, Patricia Hearst era hija de multimillonarios. Era natural que su condena no fuera demasiado larga, y su indulto seguro.

[5] Pongamos un solo ejemplo selecto de estos dignísimos nazis liberados “sospechosamente” por los yanquis: Alois Brunner, segundo de Eichman en la “Solución Final”, quien deportó hacia los campos de exterminio a un promedio de 129.000 seres humanos. “Según su propio relato, Brunner fue arrestado por Checos, Americanos, y Británicos, pero luego se le liberó bajo un nombre falso. Obtuvo falsos documentos y abandonó Europa” (Enciclopedia Judaica). Varias fuentes le han asociado posteriormente al espionaje norteamericano, junto a muchos más de su calaña.

Cuando comparo tan selectiva muestra de piadosa caridad hacia esos viles delincuentes, con el actual abuso hacia Ana Belén Montes, comprendo por qué tampoco debe ser causa de asombro el que el gobierno de USA pactara con el mafioso Lucky Luciano, a fin de que éste le ayudara con sus contactos en Sicilia durante la campaña de 1943, y eventualmente también le indultara. Obviamente, la internacionalista puertorriqueña vale menos para la Casa Blanca que los fascistas o los mafiosos.

[6] Quienes desplegarían tácticas sucias y embusteras que incluían desde el trucado asesinato por ellos mismos de civiles cubano-americanos o nativos, junto a manipuladas “explosiones” en Washington y Miami, o espurias “violaciones” del espacio aéreo dominicano por los MIG de La Habana, secundadas por engañadores estallidos en el aire de vuelos chárter estadounidenses y falaces auto-agresiones contra la Base Naval de Guantánamo, hasta un súmmum incalificable: provocar la falsaria “interferencia castrista” que conllevaría a la explosión del cohete que transportaba al astronauta John Glenn en su vuelo orbital. [Más datos en James Bamford: Body of Secrets. Doubleday, 2001].

[7] “El reporte sugirió incluso comprar en secreto a alguien dentro del Gobierno de Castro, para que se atacara a los Estados Unidos: “La única área que nos quedaría disponible como posibilidad, sería sobornar a alguno de los comandantes subordinados a Castro, para iniciar un ataque contra [la base naval de USA en] Guantánamo.” Este acto que sugería sobornar a un país extranjero para atacar violentamente una instalación militar norteamericana, era traición.”

“Con la evidencia destruida, Lemnitzer se sintió en libertad para mentirle al Congreso. Cuando se le preguntó, durante las audiencias secretas ante un Comité del Senado, si alguna vez supo sobre cualquier plan del Pentágono respecto a una invasión directa de Cuba, respondió que no.”

[En Operation Northwoods. US planned fake terror attacks on citizens to create support for Cuban war. Tomado de BODY OF SECRETS, James Bamford, Doubleday, 2001, p.82 y siguientes. Editado por NY Transfer News. Otro link recomendable: http://larouchepub.com/other/2001/2839operation_northwds.html%5D.

[8] Obviamente, Lemnitzer no actuaba solo, sino que “cada miembro individual del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, y aun el oficial de alto rango del Pentágono Paul Nitze, abogaron por provocar una guerra trucada contra Cuba” (Bamford, 2001). Por ello, estos planes persistieron incluso luego de la desestimación de la Operación Northwoords; pues hasta fines de 1963, aún se diseñaban maquiavélicos y ficticios ataques “de Castro”, tanto contra la OEA como también contra países del Commonwealth (Jamaica y Trinidad-Tobago), para así involucrar en la invasión de La Isla no sólo al Ejército yanqui, sino también al británico (ibídem).

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Acerca de Jóvenes por los 5

Jóvenes cubanos que luchamos desde las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones por abrir paso a la verdad y la justicia. Formamos parte del movimiento mundial de solidaridad que luchó por la liberación del grupo internacionalmente conocido como los Cinco Héroes Cubanos o los Cinco de Miami, condenados injustamente a largas penas de prisión en cárceles de Estados Unidos por el cuyo único delito de defender a su pueblo de los actos terroristas organizados de manera impune desde el propio territorio norteamericano.

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