La cuna de la democracia perpetra racismo, crímenes, cárcel y agresión a otros países

estados-unidos-guantanamo-bandera-alambradaA pesar del prontuario, el imperio presume de cuna de la democracia. Estados Unidos comete a diario violaciones a los derechos humanos de su gente y en el exterior. Aún así, sigue presumiendo de ser la cuna de la democracia. Cada vez menos gente cree en esas falsificaciones.

Por Emilio Marín

La escritora y poetisa guatemalteca Ilka Oliva Corado, reflexionaba sobre el tema: “jodido ser mujer negra, ser negra y latina. Ser negra, latina e indígena. Ser negra, latina e indígena indocumentada.

En este momento se han acallado los afroamericanos y otros estadounidenses solidarios, que en 2014 protestaron por el crimen del afroamericano, Michael Brown. Tenía 18 años y fue ultimado por Darrel Wilson, un policía blanco en Ferguson, suburbio de Saint Louis, Missouri.

Antes y después hubo otros jóvenes y no tan jóvenes asesinados por efectivos policiales, generalmente cubiertos por sus jefes y autoridades judiciales. El círculo vicioso es que un policía mata a un negro, luego el matador y la institución alteran la escena del crimen, plantan armas y dicen que el muerto quiso disparar al uniformado, al que no le quedó más remedio que tirar primero.

Historias poco imaginativas porque las repiten las policías al sur del río Bravo y particularmente en Argentina. ¿Tendrá que ver con que muchos oficiales cursan sus estudios con policías de USA, el FBI, Swat y otras dependencias?

Ya lo advertía la nota citada de Oliva Corado: “Porque aunque parezca contradictorio los negros discriminan más a los latinos que los propios anglos y viceversa. No aprendemos los humanos”.

Muchos pensaron en 2009 que esa situación cambiaría con la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca. Error. Si hubo alguna modificación fue cosmética o discursiva, como cuando el presidente cuestionó el procedimiento empleado en esa muerte en Ferguson. Pero el fondo de la cuestión sigue siendo el mismo.

La escritora y poetisa guatemalteca Ilka Oliva Corado, publicó un artículo en Aporrea.org donde reflexionaba sobre el tema: “jodido ser mujer negra, ser negra y latina. Ser negra, latina e indígena. Ser negra, latina e indígena indocumentada. Y así se va desmenuzando este sistema de castas segregacionistas. Hay mucho qué decir acerca de ser negro en EE UU. Y tanto que denunciar acerca de ser latinoamericano y también indocumentado en este país”.

Hablando de los inmigrantes, la cuestión está en la agenda mediática por los sucesos en el Mediterráneo y el tránsito de centenares de miles de personas hacia Europa, corridos por las guerras y la pobreza. EE UU también debe ser puesto en el candelero, porque su frontera sur, con México, es el escenario de muchos dramas de latinos que mueren en el intento de pasarla. Y quienes logran el cometido, luego en número cercano a los 11 millones, son ciudadanos de segunda, sin papeles, sin trabajos dignos ni derechos electorales, con la espada de Damocles de la deportación pendiendo sobre sus cabezas, con división familiar incluida.

Puede correr más sangre con Donald Trump

También en eso Obama se está retirando sin cumplir las reformas migratorias prometidas, aunque para ser justos hay que decir que los peores fueron los republicanos.

Incluso algunos de los peores verdugos contra los inmigrantes suelen ser políticos norteamericanos que no son anglo-sajones puros y militan en los dos partidos de ese sistema bipartidista. Los senadores Marco Rubio (republicano) y Bob Meléndez (demócrata), expresan esa contradicción, pues son de origen cubano-americano y militan en los grupos menos tolerantes con los inmigrantes. Ya lo advertía la nota citada de Oliva Corado: “Porque aunque parezca contradictorio los negros discriminan más a los latinos que los propios anglos y viceversa. No aprendemos los humanos”. Es que la mafia cubano-americana anticastrista expresada en esos legisladores parece humana pero sus políticas no lo son.

Si esos padecimientos de negros y latinos son graves en estos años de Obama -y peores habrán sido en administraciones anteriores- podrían ser aún más dolorosos.

Las encuestas no pueden asegurar que sus pronósticos vayan a darse tal cual, pero en las elecciones de noviembre de 2016 hay buenas chances de que los republicanos vuelvan al 1600 de la Pennsylvania Avenue, donde está la Casa Blanca. Entre los varios precandidatos que han salido al ruedo está el magnate inmobiliario Donald Trump, que acusó a México de exportar hacia el norte a traficantes y delincuentes, prometiendo que si él gana las elecciones construirá otro muro en la frontera y se lo hará pagar al país vecino.

El xenófobo multimillonario es un ejemplar de bestia completa, porque en los debates televisivos también tuvo comentarios despectivos y descalificadores hacia una periodista y en general las mujeres como “perros, cerdos o animales desagradables”.

Si a las blancas las maltrata de ese modo, ¿cómo será de animal con las féminas negras?

Los republicanos dirán, en defensa de su partido, que Trump es sólo un aspirante y de ninguna manera ganará la interna. Que ellos tienen a otros representantes como Jeb Bush, ex gobernador de La Florida y casado con una mujer de origen latino. El dato no es muy tranquilizador porque la familia Bush en el poder no fue amistosa con los inmigrantes y tampoco con los cubanos, nicaragüenses, salvadoreños, panameños, iraquíes, afganos y una larga lista de “oscuros rincones del planeta”.

Nada de “relaciones carnales” con Estados Unidos

En las negociaciones entre EE UU y Cuba el imperio ha agitado la cuestión de los derechos humanos y de los prisioneros políticos; en parte para tratar de explicar en su frente interno que no se está entregando de pies y manos al gobierno cubano.

Aquellos reproches a Cuba fueron formulados en parte por Roberta Jacobson, subsecretaria del Departamento de Estado para Asuntos Hemisféricos, cuando negociaba con su contraparte cubana, Josefina Vidal, del Ministerio de Relaciones Exteriores, MINREX. Vidal recogió el guante y en cada una de las reuniones que tuvo con Jacobson le replicó esas acusaciones y a la vez manifestó su preocupación por la represión y discriminación a los afroamericanos, por el hecho de que las mujeres estadounidenses cobraran menos salario que los hombres aún haciendo el mismo trabajo, etc.

Además de Jacobson, luego fue el secretario de Estado, John Kerry, quien deslizó esas críticas contra el sistema político cubano, socialista. Tanto cuando el canciller Bruno Rodríguez Parrilla fue en julio pasado a Washington a reabrir su embajada, como cuando Kerry llegó a La Habana en agosto a hacer lo propio con su legación, ambos representantes se reunieron. Y el canciller cubano fue muy claro en defender su sistema político y la dirigencia histórica que lo había conducido hasta lo que consideró grandes logros, entre otros que hubieran podido sentarse a dialogar de igual a igual con Estados Unidos.

En otras palabras, para el MINREX era necesario restablecer las relaciones diplomáticas y avanzar hacia la normalización de las mismas, que supone resolver varias cosas, primordialmente la del bloqueo, mantenido hasta hoy por Obama con leves cambios. La Habana quiere normalizar las relaciones con Washington, pese a los diferentes y opuestos sistemas políticos y sociales. Eso sí, no acepta las “relaciones carnales” que el imperio tuvo y tiene con gobiernos genuflexos.

Cinco casos de prisioneros

El imperio ve una partícula de paja en el ojo cubano o venezolano o boliviano, pero no la viga en el propio. Así impulsó en la última asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa en Charlestone una resolución que decía: “en Cuba, pese al restablecimiento de relaciones entre los gobiernos de ese país y EE UU, hay pocos avances en las libertades de expresión, asociación y prensa, y siguen encarcelados dos periodistas”.

El cronista no conoce el caso de esos dos presuntos periodistas, pero duda porque en la isla hay dirigentes de la SIP, como su vicepresidente regional Yoani Sánchez, que militan abiertamente contra el gobierno y sin embargo entran y salen del país sin problemas.

EE UU no es el más indicado para dar lecciones de derechos humanos. Cinco ejemplos lo clarifican:

1. El ex “Pantera Negra” Mumia Abu Jamal, periodista, preso desde 1982, aguarda en el “corredor de la muerte”.

2. Oscar López Rivera, preso desde 1981, lleva 34 años en la cárcel; luchador independientista de Puerto Rico, condenado a 75 años de prisión.

3. Ana Belén Montes, ciudadana estadounidense que trabajaba como analista de inteligencia contra Cuba y que en 2001 fue detenida por filtrar información a la isla. Fue condenada a 25 años de cárcel y 5 de libertad vigilada. Ella declaró: “considero que la política de nuestro gobierno hacia Cuba es cruel e injusta, profundamente inamistosa, me consideré moralmente obligada de ayudar a la isla a defenderse de nuestros esfuerzos de imponer en ella nuestros valores y nuestro sistema político”. Ahora que han restablecido relaciones, deberían indultarla.

4. Hay un centenar de presos, secuestrados por EE UU en la cárcel ilegal de Guantánamo, territorio usurpado a Cuba en 1902. No tienen abogados ni visitas, están allí en malas condiciones, incluso torturados, desde 2002, en el marco de la “guerra contra el terrorismo” que lanzó George W. Bush. Obama prometió en enero de 2009 que en un año cerraría esa cárcel ilegal. Pasaron más de cinco y no lo hizo, menos aún se dispone a atender el reclamo cubano de que se le devuelva ese territorio.

5. Y el caso más alevoso. El indígena Leonard Peltier, detenido en 1976 y condenado a dos perpetuas, luego de un allanamiento del FBI a una comunidad lakota en Dakota del Sur, donde un tiroteo y murieron dos agentes. Lleva 39 años preso y ni siquiera el gran Nelson Mandela pudo lograr que Bill Clinton le concediera un indulto.

Tomado de Contrainfo.com

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Acerca de Jóvenes por los 5

Jóvenes cubanos que luchamos desde las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones por abrir paso a la verdad y la justicia. Formamos parte del movimiento mundial de solidaridad que luchó por la liberación del grupo internacionalmente conocido como los Cinco Héroes Cubanos o los Cinco de Miami, condenados injustamente a largas penas de prisión en cárceles de Estados Unidos por el cuyo único delito de defender a su pueblo de los actos terroristas organizados de manera impune desde el propio territorio norteamericano.

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