La deuda del pueblo cubano y de los ciudadanos del mundo con #AnaBelenMontes, presa en #EEUU

Mi selfie por los 5Dedicado a todos los internacionalistas involucrados en el movimiento de solidaridad con Cuba y Ana Belén.

Por Douglas Calvo Gaínza, Coordinador Temporal del Comité Cubano pro Ana Belén Montes.

Hace exactamente un mes (13 de octubre 2015) que aceptamos la inesperada tarea de reemplazar temporalmente al Profesor Néstor García Iturbe en el puesto de coordinador interino del movimiento cubano de solidaridad con Ana Belén Montes.

Durante este mes, hemos podido comprobar cuánto puede obstinarse la mente humana en lo mejor y en lo peor del hombre. Lo execrable de la humanidad lo hemos verificado en los varios comentarios, donde sólo se recurre a una ira y un odio visceral, tanto contra la indefensa mujer prisionera, como contra nosotros por propugnar un poco de generosidad hacia ella. Lo excelente del hombre lo hemos visto en la altruista actitud de los varios compañeros de Cuba y otros países (Estados Unidos, Puerto Rico, Alemania, Italia, El Salvador, Suecia, México, etc.) integrados al movimiento solidario. Y muy especialmente, lo apreciamos en el naciente internacionalismo francés pro Ana Belén Montes, encarnado en los compañeros Jacqueline Roussie, Maurice Lecomte, y otros, quienes sin cesar han traducido, divulgado, obrado… hasta que ya puede decirse que ellos están desarrollando una iniciativa solidaria que (a mi entender particular) es más activa que la buscada por nosotros en la propia Cuba.

Pienso que todos estos compañeros nacidos en otros lares, sean ellos salvadoreños o alemanes, franceses o italianos, demuestran cuánto alguien puede hacer suyo el hermoso dicho martiano “En la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre”. Ninguno de ellos nació en la Patria de José Martí, pero sin embargo todos ellos sienten internamente como cubanos. Ello es porque aún no pierde su vigencia el pensamiento guevarista, que declaraba como condición sine qua non del humanismo de izquierda “El deber de ser sensibles ante todas las miserias del mundo, ante todas las explotaciones y las injusticias” pues “El revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor” [1]. Es el mismo sentimiento demostrado en la última carta del Che a sus hijos [“Sean capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte de la tierra. Es la cualidad más linda de un revolucionario”] o asimismo en su carta a María Rosario Guevara [“Si Usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros.”] El propio Ernesto Guevara, pese a su nacimiento en Argentina, ofertó su vida a Cuba, África, y Sudamérica, pues su lugar de origen no borraba esta realidad: “Soy cubano y también soy argentino, y si no se ofenden las ilustrísimas señorías de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica, como el que más y, en el momento en que fuera necesario, estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de los países de América Latina, sin pedir nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie.” [2]

Precisamente esa conciencia universal, que supera las estrechas fronteras del nacionalismo y la comodidad y abarca a todo el orbe, conllevando a peligros y riesgos insólitos para la mentalidad pequeño-burguesa, impulsó a Ana Belén Montes a superar la herencia social de “una educación sistemática orientada al aislamiento del individuo” [3] y del “camino solitario” basado en la “autosatisfacción de sus ambiciones” [4], donde para vencer en la gran “carrera de lobos: solamente se puede llegar sobre el fracaso de otros” [5].

Norteamericana, con raíces puertorriqueñas, y nacida en Alemania, la guió moralmente un proverbio italiano (“Todo el mundo es un solo país”) para arriesgar su vida por Cuba, dentro de las filas de un complejo de Agencias absolutamente peligroso para la independencia y seguridad en la Mayor de las Antillas.

Fue un internacionalista de Puerto Rico quien me honra con su amistad, el que me propuso el hermoso lema: “Primero los Cinco, ahora Ana”, el cual bien pudiera ser la divisa de esta campaña. En efecto, aunque Antonio, Fernando, Gerardo, Ramón y René, lucharon en puestos diferentes y con tareas distintas a las de Ana, sin embargo persiguieron como objetivo común, no el de dañar a los Estados Unidos de América, sino el de salvaguardar la seguridad del pueblo cubano, amenazado en su misma existencia tanto por actos extremistas y terroristas procedentes de grupos violentos en la Florida, como por una invasión directa de la súper-potencia Imperial contra la Isla caribeña.

Hemos decidido que otro documento hable por nosotros, y por ello en vez de nuestra propia redacción para este artículo, hemos decidido traducir del inglés un largo fragmento de cierto material, el cual explica contra qué peligroso sistema de pensamiento militarista luchó Ana Belén Montes en pro de la Perla de las Antillas.

La operación Northwoods

EE.UU. PLANIFICÓ FALSOS ATAQUES TERRORISTAS CONTRA SUS PROPIOS CIUDADANOS, PARA CREAR EL APOYO NECESARIO A UNA GUERRA EN CUBA [6].

… Según el punto de vista de [aquel Jefe del Estado Mayor Conjunto] Lemnitzer, el país estaría con mucho en una mejor posición, si los generales tomaran el poder. Para estos funcionarios militares que se sentaban sobre la valla, la chapucera invasión de la administración Kennedy en Bahía de Cochinos había sido la última paja. “El fiasco en Bahía de Cochinos rompió el dique”, dijo un reporte de aquel tiempo. “El Presidente Kennedy era puesto en la picota por los súper-patriotas como un jefe “no-ganador” (…) La Extrema Derecha se volvió una fuente de propuestas nacidas de la frustración, y formuladas en nombre del anti-comunismo (…)  Los Comandantes en servicio activo auspiciaron seminarios anti-comunistas en sus bases y por doquier asistieron o se dirigieron a las reuniones Derechistas.”

Aunque nadie en el Congreso hubiera podido saberlo en aquel momento, ya Lemnitzer y los Jefes del Estado Mayor Conjunto se habían deslizado calladamente por sobre la valla.

Conforme a los documentos secretos y largamente ocultos, obtenidos para “Cuerpo de Secretos”, los Jefes del Estado Mayor Conjunto diseñaron y aprobaron planes para lo que puede ser el plan más corrupto jamás concebido por el gobierno norteamericano. Así, éstos propusieron desencadenar una secreta y sangrienta guerra de terrorismo contra su propio país, para así engañar al público norteamericano a fin de que éste apoyara una enfermiza guerra concebida en el nombre del anticomunismo, la cual ellos pretendieron impulsar contra Cuba.

La operación Northwoods.

El código denominado “operación Northwoods”, plan que tenía la aprobación escrita del Presidente del Estado Mayor Conjunto y de cada miembro de la Junta de Jefes de Personal, requería que personas inocentes fueran asesinadas en las calles norteamericanas; que barcos que llevaban a refugiados que huían de Cuba fueran hundidos en alta mar; que una oleada de terrorismo violento fuera desatada sobre Washington D.C., sobre Miami, y por doquier. Se incriminaría a personas por ataques con bombas que ellos no cometieron; se secuestrarían aviones. Usando evidencia falsificada, se culparía de todo a Castro, dando así a Lemnitzer y a su camarilla tanto el pretexto como el apoyo público e internacional, que ellos necesitaban para desencadenar su guerra.

La idea puede haberse originado realmente en el Presidente Eisenhower, durante los últimos días de su administración. Con la Guerra Fría más caliente que nunca, y el reciente escándalo del U-2 fresco en la memoria del público, el anciano general quería salir de escena con una victoria. Él anheló desesperadamente invadir a Cuba en las semanas que llevaban a la inauguración de Kennedy; de hecho, el 3 de enero le dijo a Lemnitzer y a otros ayudantes en su Gabinete que él se movería en contra de Castro antes de la inauguración, con sólo que los cubanos le dieran una excusa verdaderamente sólida. Entonces, con el tiempo acortándose, Eisenhower presentó una idea. Si Castro fallara en proporcionar esa excusa, quizás – dijo él -, los Estados Unidos podían “pensar en fabricar algo que fuera generalmente aceptable.” Lo que él estaba sugiriendo era usar como pretexto un bombardeo, un ataque, un acto de sabotaje, llevado a cabo en secreto contra los Estados Unidos, por los Estados Unidos. Su propósito sería justificar el inicio de una guerra. Era una sugerencia peligrosa, hecha por un presidente desesperado.

Aunque tal guerra no tuvo lugar, la idea no estaba perdida para el General Lemnitzer. Pero él y sus colegas quedaron frustrados por el fracaso en que Kennedy autorizara su plan, y enfadados porque Castro no les había provisto con la debida justificación para invadir.

La última paja puede haber llegado durante una reunión en la Casa Blanca el 26 de febrero de 1962. Preocupado porque los varios planes de acción encubierta del General Lansdale, ejecutados bajo la Operación Mangosta, simplemente se volvían más y más ultrajantes y no conducían a nada, Robert Kennedy le dijo que dejara todos los esfuerzos anticastristas. A cambio, se ordenó a Lansdale que durante los próximos tres meses se concentrara estrictamente en coleccionar fuentes de inteligencia sobre Cuba. Era una derrota humillante para Lansdale, quien era un hombre más acostumbrado a la alabanza que al menosprecio.

Según los hermanos Kennedy aparentaron súbitamente “ablandarse” con Castro, Lemnitzer pudo ver cómo se le escapaba rápidamente su oportunidad de invadir Cuba. Los esfuerzos por provocar al pueblo cubano a una sublevación parecían muertos y Castro, desgraciadamente, no mostraba inclinación alguna para lanzar ningún ataque contra los norteamericanos o sus propiedades. Lemnitzer y los otros Jefes sabían que sólo les restaba una opción para asegurarse su guerra. Ellos tendrían que engañar al público norteamericano y a la opinión mundial, para conducirles a tal odio respecto a Cuba, que aquellos no sólo secundarían su guerra contra Castro, sino que incluso la urgirían. “La opinión mundial, y el foro de las Naciones Unidas” – decía un documento confidencial del Estado Mayor Conjunto – debe ser favorablemente afectada, por el desarrollo de una imagen internacional del gobierno cubano como imprudente e irresponsable, y como una imprevisible alarma y amenaza para la paz del Hemisferio Occidental.”

La operación Northwoods preconizaba una guerra en la que muchos patriotas norteamericanos y cubanos inocentes morirían con muertes del todo insensatas, tan solo para satisfacer los egos de generales retorcidos allá en Washington, muy seguros en sus casas y limousines pagadas por los contribuyentes.

Una idea seriamente considerada involucraba el lanzamiento de John Glenn, primer  norteamericano que hizo un vuelo orbital sobre la Tierra. El 20 de febrero de 1962, Glenn ascendería desde Cabo Cañaveral, en la Florida, para su histórico viaje. El vuelo llevaría en su órbita por encima del planeta, el estandarte de las virtudes de América respecto a verdad, libertad, y democracia. Pero Lemnitzer y sus Jefes tenían una idea diferente. Ellos le propusieron a Lansdale que, si el cohete explotara y matara a Glenn, “el objetivo es proporcionar la prueba irrevocable de que (…) la culpa es de los Comunistas et al Cuba [sic.]”

Esto se lograría, proseguía Lemnitzer, “fabricando varias piezas de evidencia que demostrarían una interferencia electrónica por parte de los cubanos.” Así, cuando la NASA se preparaba para enviar al primer norteamericano rumbo al espacio, los Jefes del Estado Mayor Conjunto estaban preparándose por su parte para usar la posible muerte de John Glenn como un pretexto para lanzar una guerra.

Glenn entró en la historia sin infortunios, dejándole a Lemnitzer y a los Jefes la tarea de empezar a inventar nuevos complots, que ellos sugirieron se llevaran a cabo “dentro del marco temporal de los próximos meses.”

Entre las acciones recomendadas, estaba “una serie de incidentes bien coordinados a tener lugar en y alrededor de” la base de la Armada norteamericana en la Bahía de Guantánamo, Cuba. Esto incluía el vestir a cubanos “amistosos” con uniformes del ejército cubano, y entonces hacerles “empezar a crear disturbios cerca de la puerta principal de la base. Otros pretenderían ser saboteadores, dentro de la base. Se volaría la munición, se diseminarían incendios, se sabotearía a la aviación, los morteros dispararían contra la base, provocando daños en las instalaciones.”

Las operaciones sugeridas se volvían progresivamente más y más provocativas. Otra llamaba a una acción similar al infame desastre en febrero de 1898, cuando una explosión a bordo del acorazado Maine en el puerto de La Habana, mató a 266 marineros estadounidenses. Aunque la causa exacta de la explosión permaneció incierta, aquella fue la chispa que encendió la Guerra Hispano-norteamericana en Cuba. Incitados por aquel estallido mortal, más de un millón de hombres se ofreció para el servicio activo. Lemnitzer y sus generales propusieron un plan similar. “Podríamos explotar una nave norteamericana en la Bahía de Guantánamo y echarle la culpa a Cuba”, propusieron, “las listas de fallecidos en los periódicos norteamericanos causaría una ola muy útil de indignación nacional.”

No parecía haber ningún límite a su fanatismo: “Podríamos desarrollar una campaña del terror cubano comunista en el área de Miami, en otras ciudades de la Florida e incluso en Washington”, escribieron. “La campaña de terror podría apuntar a refugiados cubanos que buscan el asilo en los Estados Unidos.  Podríamos hundir un barco de cubanos dirigiéndose a la Florida (real o simulado) (…) Podríamos promover atentados contra las vidas de refugiados cubanos en los Estados Unidos, hasta el punto en que incluso las heridas fueran a veces ampliamente publicitadas.”

Se propusieron explosiones de bombas, falsos arrestos, secuestros:

  1. “La explosión de unas pocas bombas plásticas en lugares cuidadosamente escogidos, el arresto de agentes cubanos y la desclasificación de documentos preparados que también probarían la participación cubana, igualmente sería útil en proyectar la idea de un gobierno irresponsable.”
  2. “Puede aprovecharse la sensibilidad de la Fuerza aérea de [la República] Dominicana a las intrusiones en su espacio aéreo nacional. Aviones “Cubanos” tipo B-26 o C-46, podrían hacer ataques nocturnos para quemar la caña. Podría encontrarse a incendiarios del Bloque soviético. Esto podría acoplarse con mensajes “cubanos” a los comunistas clandestinos en la República Dominicana, y con embarques “cubanos” que serían encontrados o interceptados en la playa. El uso de aviones MIG por pilotos norteamericanos, podría añadir una provocación adicional.”
  3. “Podrían aparecer continuos intentos de secuestro contra la aviación civil y la aviación de superficie, como medidas de hostigamiento toleradas por el Gobierno de Cuba.”

Entre las estratagemas más detalladas, se encontraba la de “crear un incidente que demostrara convincentemente que un avión cubano ha atacado y ha derribado un vuelo chárter civil en ruta desde los Estados Unidos a Jamaica, Guatemala, Panamá o Venezuela. El destino sería escogido en dependencia del mero factor de que la ruta atraviese sobre Cuba. Los pasajeros podrían ser o un grupo de estudiantes de la universidad en una fiesta, o cualquier agrupación de personas con un interés común, dispuestos a participar en un vuelo fuera de calendario.”

Lemnitzer y los Jefes del Estado Mayor Conjunto elaboraron un engaño muy complejo: se pintaría un avión en la Base Aérea de Eglin, y se le enumeraría, como un duplicado exacto de un avión registrado civil el cual pertenecería a una organización de la CIA, propietaria en el área de Miami. En el momento designado, dicho doble sustituiría al avión civil real y sería abordado por los pasajeros seleccionados, todos viajando bajo seudónimos cuidadosamente preparados. El avión registrado real se convertiría en un dron [un avión sin nombre manejado por control remoto]. Los despegues del dron y del avión real se fijarán para permitir una reunión al sur de la Florida.

A partir del lugar de encuentro, el avión llevando a los pasajeros descenderá hasta una altitud mínima y entrará directamente en un campo auxiliar de la Base de la Fuerza Aérea en Eglin, en donde se habrán hecho los arreglos para evacuar a los pasajeros y devolver el avión a su estado original. Entretanto, el dron continuará volando por la misma ruta prefijada. Cuando esté encima de Cuba, el dron transmitirá en la frecuencia de alarma internacional un mensaje declarando “May Day”, y afirmando que está bajo ataque por un MIG cubano. La transmisión será interrumpida mediante la destrucción del avión, la cual se activará mediante una radio-señal. Esto permitirá a las radio-estaciones de la ICAO [Organización Internacional de Aeronáutica Civil] en el Hemisferio Occidental, decirle a los EE.UU. lo que ha pasado con el avión, en lugar de ser los EE.UU. quienes intenten “vender” el incidente.

Finalmente, había un plan para “hacer aparentar que los MIG comunistas cubanos han destruido un avión de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos sobre aguas internacionales, en un ataque no-provocado.” Era una operación particularmente creíble, dada la década de derribos que recién había tenido lugar.

En la frase final de su carta al Secretario Mac Namara, recomendando las operaciones, Lemnitzer hizo una intentona por acaparar aún más poder, pidiendo que los Jefes del Estado Mayor Conjunto fueran puestos a cargo de ejecutar tanto la operación Northwoods como la invasión. “Se recomienda”, escribió, “que esta responsabilidad en las operaciones militares tanto encubiertas como abiertas, sea asignada a los Jefes del Estado Mayor Conjunto.”

A las 2:30 de la tarde del martes, 13 de marzo de 1962, Lemnitzer revisó detalles de último minuto de la Operación Northwoods con su jefe de acción encubierta, el Brigadier General William H. Craig, y firmó el documento. Se fue entonces a una “reunión especial” en la oficina de Mac Namara. Una hora después se reunió con el representante militar de Kennedy, el General Maxwell Taylor. Lo que pasó durante esas reuniones es desconocido. Pero tres días después, el Presidente Kennedy le dijo a Lemnitzer que no había virtualmente ninguna posibilidad de que los EE.UU. usaran abiertamente la fuerza militar en Cuba.

Infatigables, Lemnitzer y los Jefes persistieron, virtualmente hasta el punto de exigir que a ellos se les diera autoridad para invadir y tomar Cuba. Aproximadamente un mes después de someter a consideración la operación Northwoods, ellos se encontraron en el “tanque” (como se le llamaba al cuarto de conferencias del Estado Mayor Conjunto) y convinieron en redactar un duro memorándum para Mac Namara. “Los Jefes del Estado Mayor Conjunto creen que el problema cubano debe ser resuelto en un futuro cercano”, escribieron. “Además, ellos no ven ninguna perspectiva de éxito temprano en cuanto a derrocar al régimen comunista actual como resultado de una sublevación interna, o por presiones externas de tipo político, económico o psicológico. De acuerdo a esto, ellos creen que se exige la intervención militar por los Estados Unidos para derrocar al régimen comunista actual.”

Lemnitzer estaba casi rabioso en su odio contra el comunismo en general y contra Castro en particular. “Los Jefes del Estado Mayor Conjunto creen que los Estados Unidos pueden emprender la intervención militar en Cuba sin el riesgo de una guerra general”, continuaba. “Ellos también creen que la intervención puede lograrse bastante rápidamente, para minimizar las oportunidades comunistas de solicitar una acción por parte de la ONU.” Sin embargo, lo que Lemnitzer estaba sugiriendo no era liberar al pueblo cubano, que en mayoría apoyaba a Castro, sino encarcelarlos en un estado policíaco controlado por el Ejército de los EE.UU. “Las fuerzas asegurarían un rápido control sobre Cuba, esencialmente militar”, escribió. “Se requeriría continua actividad policial.”

Concluyendo, Lemnitzer no se anduvo por las ramas: “El Estado Mayor Conjunto recomienda que una política nacional de temprana intervención militar en Cuba sea adoptada por los Estados Unidos. Éste también recomienda que tal intervención se emprenda lo más pronto posible, y preferentemente antes del licenciamiento de la Guardia Nacional y las fuerzas de Reserva presentemente en activo.”

Por aquel entonces, ya Mac Namara no tenía prácticamente ninguna confianza en su jefe militar y rechazaba casi cada propuesta que el general le remitía. Los rechazos se volvieron tan rutinarios, dijo uno de los funcionarios que trabajaban con Lemnitzer, que dicho oficial le dijo al general que ya esa situación estaba poniendo al ejército “en una rutina embarazosa”. Pero Lemnitzer contestó, “Yo soy el mayor oficial militar, y es mi trabajo el declarar lo que yo creo, como mismo es el suyo [Mac Namara] el de aprobar o desaprobar.” “La arrogancia de Mac Namara era asombrosa”, dijo el ayudante de Lemnitzer, quien no sabía nada sobre la operación Northwoods. “Él echó al general Lemnitzer a cajas destempladas y lo trató como a un colegial. El general casi estaba en atención cuando entraba en el cuarto. Todo era “Sí, señor” y “No, señor”.”

Al cabo de unos meses, a Lemnitzer se le negó un segundo período como presidente del Estado Mayor Conjunto y se le transfirió a Europa como jefe de la OTAN. Años después el Presidente Gerald Ford colocó a Lemnitzer, querido por la derecha Republicana, en la Junta de Consejeros de Inteligencia Extranjera del Presidente. El jefe de Lemnitzer para Cuba, brigadier general Craig, también fue transferido. Promovido a Mayor General, se pasó tres años como jefe de la Agencia de Seguridad del Ejército, el brazo armado de la Agencia de Seguridad Nacional.

Debido al secreto e ilegalidad de la operación Northwoods, todos los detalles permanecieron ocultos durante cuarenta años. Lemnitzer pudo haber pensado que todas las copias de los documentos pertinentes habían sido destruidas; él no era el que iba a dejar material comprometedor detrás. Siguiendo al desastre de Bahía de Cochinos, por ejemplo, él ordenó al Brigadier General David W Gray, el predecesor de Craig como jefe del proyecto para Cuba dentro del Estado Mayor Conjunto, que destruyera todas sus notas acerca de las acciones de los Jefes de Estado Mayor y sus discusiones durante ese período. Las meticulosas notas de Gray fueron los únicos archivos oficiales detallados de lo que pasó dentro del Estado Mayor Conjunto durante ese tiempo. Según Gray, Lemnitzer temió una investigación del Congreso, y por consiguiente quiso que fuera destruida cualquier evidencia incriminadora.

Con la evidencia destruida, Lemnitzer se sintió  libre para mentirle al Congreso. Cuando se le preguntó, durante las audiencias confidenciales ante un comité del Senado, si él conocía de cualquier plan del Pentágono sobre una invasión directa a Cuba, dijo que no. Sin embargo, los detallados planes del Estado Mayor Conjunto habían sido diseñados incluso antes del ascenso de Kennedy. Y se habían desarrollado planes adicionales a partir de entonces. El consumado planificador y hombre de detalles también se volvió evasivo, encontrando de súbito una gran dificultad para recordar aspectos importantes de la operación, como si él hubiera estado fuera del país durante ese período. Era un espectáculo lamentable. El Senador Gore pidió que Lemnitzer fuera despedido. “Necesitamos sacudir al Estado Mayor Conjunto” dijo. “Necesitamos con fuerza a un nuevo presidente, así como a nuevos miembros.” Nadie tenía idea alguna sobre la Operación Northwoods.

Puesto que se destruyeron tantos documentos, es difícil determinar cuántos altos oficiales estaban al corriente de la Operación Northwoods. Como se ha descrito, el documento fue firmado y totalmente aprobado por Lemnitzer y el resto de los Jefes del Estado Mayor Conjunto y se remitió al Ministerio de Defensa para su firma. Si fue más allá de Mac Namara hasta el presidente y el fiscal general, no se conoce.

Incluso después de que Lemnitzer perdió su trabajo, los Jefes del Estado Mayor Conjunto se mantuvieron planificando operaciones de “pretexto” hasta al menos 1963. Entre sus propuestas estaba la de crear deliberadamente una guerra entre Cuba y cualquiera de entre varios vecinos latinoamericanos. Esto daría una excusa al ejército de los Estados Unidos para entrar en el conflicto, al lado del adversario de Cuba (…) “Un artificioso ataque “cubano” contra un miembro de la OEA [Organización de Estados Americanos] pudiera ser preparado”, decía una propuesta, “y el estado atacado podría ser instado a tomar medidas de autodefensa y asegurar el apoyo de EE.UU. y la OEA; los EE.UU. casi seguramente podrían obtener el requerido apoyo de los dos tercios de los miembros de la OEA para una acción colectiva contra Cuba.”

Entre las naciones que sugirieron en secreto los Estados Unidos estaban Jamaica y Trinidad-Tobago. Las dos eran miembros de la Comunidad de naciones [Commonwealth]; así, atacándolos en secreto y culpando a Cuba, los Estados Unidos podrían atraer a Inglaterra en la guerra contra Castro. El informe notaba, “Cualquiera de las anteriores situaciones ideadas es inherentemente y sumamente arriesgada en nuestro sistema democrático, en el que la seguridad puede ser mantenida, de hecho, con muy gran dificultad. Si se tomara la decisión de preparar tal situación, esto debe ser con participación de personal norteamericano sólo limitada al personal más altamente confiable de operaciones encubiertas. Esto hace pensar en la impracticabilidad de utilizar unidades militares para cualquier aspecto de dicha situación ideada.”

El informe incluso sugería el pagarle a alguien en secreto en el gobierno de Castro para atacar a los Estados Unidos: “La única área que permanece entonces disponible sería sobornar a uno de los comandantes subordinados de Castro para que comience un ataque en [la base naval norteamericana de] Guantánamo.” El acto sugerido — sobornar a una nación extranjera para lanzar un ataque violento contra una instalación militar norteamericana — era una traición.

En mayo de 1963, el Secretario Asistente de Defensa Paul H. Nitze envió una propuesta a la Casa Blanca respecto a un posible escenario, donde “el ataque a un avión de reconocimiento de Estados Unidos podría ser explotado con el fin de viabilizar el fin del régimen de Castro.” Basados en el evento cuando Cuba atacó un U-2, el plan proponía enviar pilotos norteamericanos adicionales, esta vez en peligrosas e innecesarias misiones del reconocimiento de bajo nivel, con la expectativa de que ellos también serían abatidos, provocando así una guerra. “Los EE.UU. podrían llevar a cabo varias medidas diseñadas para estimular a los cubanos a provocar un nuevo incidente”, decía el plan. Nitze, sin embargo, no se ofreció como voluntario para ser uno de los pilotos.

Una idea involucraba el enviar a los cazas a través de la Isla en “un reconocimiento hostigador” y en presumidas misiones que hicieran “alarde de nuestra libertad de acción, esperando incitar así al ejército cubano a la acción.” “Así”, decía el plan, “en dependencia sobre todo de si los cubanos fueran o pudieran ser hechos gatillos-alegres, el desarrollo del abatimiento inicial de un avión de reconocimiento podría llevar como máximo a la eliminación de Castro, quizás a la retirada de las tropas soviéticas y la instalación de una inspección terrestre en Cuba, o como mínimo a nuestra demostración de firmeza en el reconocimiento.” Después, aproximadamente un mes más tarde, un vuelo de bajo nivel fue hecho a través de Cuba, pero desgraciadamente para el Pentágono, en lugar de las balas sólo produjo una protesta.

Lemnitzer era un peligroso y quizás incluso desequilibrado extremista de derechas, en una posición extremadamente sensible durante un período crítico. Pero la Operación Northwoods también tenía el apoyo de cada miembro individual del Estado Mayor Conjunto de Personal, e incluso el alto oficial del Pentágono Paul Nitze arguyó a favor de provocar una guerra falsificada contra Cuba. El hecho de que los principales miembros de todos los servicios y del Pentágono pudieran estar tan fuera de contacto con la realidad y el significado de la democracia, se escondería durante cuatro décadas.”[7]

Contra el peligro e inseguridad representados por tal aparato militar hostil, que ha amenazado por décadas con invadir a Cuba y con desencadenar una masacre de proporciones impredecibles, afectando masivamente a ciudadanos cubanos, pero también a jóvenes norteamericanos, luchó en silencio esa misma ciudadana del mundo, que desde hace 14 años ha sido sumergida en un aún más absoluto silencio.

Su alegato nos muestra que ella entendió perfectamente lo mismo que comprenden nuestros compañeros en Europa, Norteamérica o América Latina: que vivimos en un solo “país global”, como afirmó Ana ante el tribunal; una sola patria común, donde como diría John Donne en su fragmento tan querido para Hemingway y tantos otros: “Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra. Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti”

Gracias a todos los que en el orbe se están levantando para impedir que las lúgubres campanas doblen por Ana Belén Montes, con quien tiene una impagable e impagada deuda de paz todo el pueblo cubano, y por ende también cada ciudadano del mundo que sea amante de la paz.

_________________

Notas

[1] Ernesto Che Guevara: Obras Completas, Casa de Las Américas, pág. 228 y 382.

[2] Ernesto Che Guevara: Ob. Cit., pág. 693.

[3] Ernesto Che Guevara, Ob. Cit, tomo II, pág. 371.

[4] Ernesto Che Guevara, Ob. Cit, pág. 374.

[5] Ernesto Che Guevara, Ob. Cit, pág. 371.

[6] Tomado del “CUERPO DE SECRETOS” (Body of Secrets -http://www.amazon.com/exec/obidos/ASIN/0385499078/qid=1002637909/sr=2-1/ref=sr_8_7_1/002-0832304-3091212), por James Bamford, Doubleday, 2001, p.82 y siguientes.  Escaneado y revisado por New York Transfer News (http://www.blythe.org/).

[7] http://larouchepub.com/other/2001/2839operation_northwds.html; http://www.baltimoresun.com/bal-te.md.nsa24apr24.story; http://www.salon.com/books/review/2001/04/25/nsa; http://abcnews.go.com/US/story?id=92662&page=1

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Acerca de Jóvenes por los 5

Jóvenes cubanos que luchamos desde las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones por abrir paso a la verdad y la justicia. Formamos parte del movimiento mundial de solidaridad que luchó por la liberación del grupo internacionalmente conocido como los Cinco Héroes Cubanos o los Cinco de Miami, condenados injustamente a largas penas de prisión en cárceles de Estados Unidos por el cuyo único delito de defender a su pueblo de los actos terroristas organizados de manera impune desde el propio territorio norteamericano.

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