El lúgubre encierro de #LeonardPeltier

CY3c2zlWMAA6nL5Tras más de 33 años en prisión, ya casi ciego, habiéndosele negado atención médica durante años, ese americano con grandes problemas de salud, prosigue vegetando en su duro calabozo. Entretanto, al parecer hay 100.000 o más páginas de información que aún están siendo escondidas por el FBI, temeroso a la libertad de prensa.

Por Douglas Calvo Gaínza

Hubo un tiempo cuando Norteamérica pertenecía a sus descubridores: aquellos seres humanos llegados del Asia hace miles de años a través del Estrecho de Behring, quienes culminaron poblando las grandes praderas y bosques de lo que luego se denominaría “Estados Unidos”.

Con muchísima posterioridad, arribaron los muy civilizados ingleses, y entre ellos y sus descendientes, aquella población originaria quedó reducida a unos pocos guetos. Hubo de todo para robarles la tierra: un sinfín de artimañas legales, empleo de “armas de última generación” contra población civil, asesinatos masivos, mutilaciones y otras atrocidades, gracias a las cuales los yanquis superaron a los españoles en cuanto a “limpieza étnica” se refiere. “Un buen indio es un indio muerto”, dijo un gran jefe blanco. Y su axioma fue aplicado al pie de la letra.

Rara vez algún pueblo ha mostrado tanta ferocidad, vileza, hipocresía, perfidia y fraude, como los “arios” estadounidenses en la “Conquista del Oeste”. Y en cuanto a la impunidad de los crímenes de lesa humanidad cometidos por ellos, quizás lo acaecido en aquella invasión ostenta un récord.

Debieron haber sido fusilados o ahorcados los asesinos de los miles de aborígenes exterminados durante el siglo XIX, pero ello no ocurrió. ¿Por qué? Pues porque sólo el Blanco-Anglo-Sajón-Protestante (WASP) es Hombre. A los “indios” (término = dislate) sólo les quedó el rezar en voz baja:

Y ahora, Gran Padre,  te pido que bendigas al hombre blanco. Él necesita Tu sabiduría, Tu guía.

Tú ves por cuánto tiempo él ha tratado de destruir a mi pueblo, y cómo él sólo se siente bien cuando tiene el poder.

Bendícelo y muéstrale la paz que nosotros entendemos; enséñale humildad.

Porque temo que algún día él se destruya a sí mismo, y a sus propios hijos, tal como ya lo ha hecho con la Madre Tierra.

Suplico por él, y lloro por él, porque después de todo, él es mi hermano.

Desgraciadamente la hermandad parecía ir en una sola dirección. Cuando en 1973 se les ocurrió a muchos “amerindios” (?) ocupar como protesta el famoso Wounded Knee donde en 1890 fueron aniquilados a tiros y cañonazos 135 nativos, brotó la violencia. Como siempre, prevaleció la ley del Hombre… Blanco.

¿Quién fue condenado por la muerte de los dos aborígenes perecidos en aquel primer encontronazo? Nadie. Se sabe que luego, en tres años murieron asesinados decenas de “indígenas”. ¿Quién fue juzgado por esos homicidios? Nadie.  En 1975 ocurrió otro tiroteo. Sucumbió otro nativo (Joseph Killsright Stuntz). ¿Quién fue sentenciado por su asesinato? Nadie. Y así, en dos años hubo una cantidad apreciable de crímenes contra esa gente de piel cobriza (léase, “No-humanos”) velados por la más absoluta impunidad.

Ah, pero en algún momento fallecieron, tristemente, dos agentes del FBI. Aunque su pérdida es absolutamente igual de lamentable a la de los nativos, sin diferencia entre unos y otros, el tratamiento a un tipo y otro de muerte fue bien distinto. Con los dos agentes, sí entró a jugar su rol la ley. Obvio: pueden morir 200 “indios”, y nada ocurre. Son asesinados dos policías representantes del poder de la Elite WASP, y ahí sí hay que castigar con ejemplarizante rigor.

En el juicio se declaró inocentes a dos acusados, por haber actuado “en defensa propia”. Se necesitaba saciar la sed de venganza en la progenie de Buffalo Bill, y quedó sólo una víctima: Leonard Peltier.

Sobrevino una batahola de los ya clásicos enmarañamientos: testigos falsos (que luego se confirmó mentían bajo coacción); limitación a testimonios claves a favor del acusado; rechazo de evidencia favorable; ambiente militarizado en el tribunal… La única prueba del acusador (un cartucho que se decía sólo pudo haber procedido del arma de Peltier) fue luego devaluada en mil modos.

Dos cadenas perpetuas le fueron impuestas. Ha habido declaraciones que incluyen a Fiscales generales de EEUU, afirmando que el caso es “inconcluso”; intentos frenados por presidentes de indultarle… El colmo es que hasta el mismo juez que le negó el derecho a un nuevo juicio, apoyó moralmente su liberación (buen testimonio de la probidad de ese Honorable). Pero nada ha cambiado. La saña no cesa. La sanguinaria conquista del Oeste prosigue, enfocándose en un solo individuo (e indirectamente, también en su comunidad).

Tras más de 33 años en prisión, ya casi ciego, habiéndosele negado atención médica durante años, ese americano con grandes problemas de salud, prosigue vegetando en su duro calabozo. Entretanto, al parecer hay 100.000 o más páginas de información que aún están siendo escondidas por el FBI, temeroso a la libertad de prensa.

Peltier se ha expresado con clemencia respecto a quienes lo llevaron a ese estado. No es de extrañar en él. Pero a la vez, es urgente que apoyemos a los miles de activistas que luchan por su indulto. Bien dijo el Premio Nobel Elie Wiesel que “lo contrario de la fe no es la herejía, sino la indiferencia”.

Leonard Peltier ha dicho con su gran sabiduría ancestral:

El silencio es imposible.

El silencio grita.

El silencio es un mensaje, así como el hacer nada es un acto.

La inacción ante su encierro prolongado, es complicidad con un genocidio secular. El callar ante esa prisión condenada por Amnistía Internacional y por miles de voces más, es un clamor de apoyo a los verdugos de los pueblos originarios americanos, llámense aquellos Hernán Cortés o Custer. Y si somos cubanos, es apoyar a Diego Velázquez contra el Padre Bartolomé de las Casas.

Por último, quiero señalar algo respecto a las intenciones de EEUU de enseñarle Derechos Humanos a Cuba.

Cuando se me ha interrogado sobre por qué he defendido a Ana Belén Montes y no a ciertos prisioneros en mi propio país, ya he respondido a esa cuestión (http://radio-miami.org/2015/12/15/gracias-ana/). Ahora pienso en mi Patria, que al parecer debe aprender tanto de Washington en cuanto a Derechos Inalienables. Nosotros los cubanos:

Y pudiera seguir con esa lista interminable, pero creo que con lo ya dicho basta para hacerse una pregunta lógica: ¿seguro que es Cuba la que debe aprender de Estados Unidos a preservar los Derechos Humanos?

¿No será al revés?

Concédeme el que antes de juzgar a mi prójimo, primero pueda yo caminar en sus mocasines durante muchas lunas” (Proverbio de las tribus originarias norteamericanas).

BIBLIOGRAFÍA

Prayers for Peace. CPWR, 2002.

Libertad para Leonard Peltier. International Leonard Peltier Defense Committee.

Contactos:

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Acerca de Jóvenes por los 5

Jóvenes cubanos que luchamos desde las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones por abrir paso a la verdad y la justicia. Formamos parte del movimiento mundial de solidaridad que luchó por la liberación del grupo internacionalmente conocido como los Cinco Héroes Cubanos o los Cinco de Miami, condenados injustamente a largas penas de prisión en cárceles de Estados Unidos por el cuyo único delito de defender a su pueblo de los actos terroristas organizados de manera impune desde el propio territorio norteamericano.

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