René González Sehwerert

Rene Gonzalez Sehwerert

René González Sehwerert nació en Chicago, Estados Unidos, el 13 de agosto de 1956, en el seno de una familia de procedencia obrera que emigró a Estados Unidos. Su padre, Cándido René González Castillo, era trabajador siderúrgico en Indiana, Estados Unidos; mientras su madre, Irma Teodora Sehwerert Milejan, se dedicaba a los quehaceres domésticos.

El 2 de octubre de 1961, sus padres, quienes desde Estados Unidos habían cooperado con el Movimiento 26 de Julio en la lucha contra Batista, deciden regresar y establecerse definitivamente en Cuba, en compañía de sus dos hijos, incorporándose de inmediato a las tareas de la Revolución.

Inicia sus estudios primarios, en calidad de becario, en la escuela “José Martí”, ubicada en Santa María del Mar, con resultados satisfactorios. Desde muy pequeño René disfrutaba desarmando y armando juguetes defectuosos, de ahí que en el futuro sintiera una gran inclinación hacia la mecánica, al mismo tiempo que reflejaba un carácter fuerte, pero de nobles sentimientos.

Sus deseos de convertirse en artillero antiaéreo, al igual que su padre en las milicias, lo impulsan a solicitar en 1968 su ingreso en la Escuela Vocacional Militar “Camilo Cienfuegos”, de Baracoa, de la cual tuvo que causar baja en décimo grado por problemas de salud que afectaron su rendimiento escolar.

En 1970, la Unión de Jóvenes Comunistas lo acoge en sus filas dada su activa participación en las actividades militares, deportivas y otras de carácter político. En 1972, se trasladó a la Secundaria Básica “Combatientes de América”, en el municipio Cerro, y en 1973 ingresa en el segundo contingente del destacamento “Manuel Ascunce Domenech”, estudiando en el curso especial como trabajador e impartiendo clases entre 1973 y 1974 en la ESBEC República Socialista de Rumania, en el actual municipio artemiseño de Alquízar.

En 1974, aun manteniendo su condición de extranjero y pudiendo eximirse de sus responsabilidades patrióticas, se presentó voluntariamente en el servicio militar general, para lo cual fue ubicado en la unidad militar 3075, donde pasó un curso de conductor de tanques. A principios de 1977, después de culminar el servicio militar, se le propuso y aceptó el cumplimiento de una misión internacionalista en la República Popular de Angola, para lo que recibió un entrenamiento como conductor de tanques T-34. Durante la misión fue designado jefe del claustro de profesores que impartían clases a soldados y a oficiales para elevar su nivel cultural.

Fue secretario del Comité de la UJC y participó en un curso de dirigentes de esa organización y en otro de zapadores, en los que obtuvo el primer expediente. En marzo de 1979, culminó su misión internacionalista, siendo condecorado con la medalla Combatiente Internacionalista.

Entre 1979 y 1982, realizó estudios en la escuela de aviación “Carlos Ulloa”, en San Julián, Pinar del Río, donde se graduó como piloto.

En 1982, la Sociedad de Educación Patriótico-Militar (SEPMI), lo aceptó como trabajador y encomendó la tarea de formar pilotos para las Fuerzas Armadas Revolucionarias. En dicha institución ocupó cargos como instructor de vuelo y dirigente del Comité de Base de la UJC, hasta 1985, en que es designado Jefe de escuadrilla de la base de San Nicolás de Bari y Jefe de la sección de aeronáutica deportiva.

En 1990, es aceptado en las filas del Partido Comunista de Cuba (PCC) y a fines de ese año parte hacia Estados Unidos, utilizando para ello la fachada del secuestro de una aeronave AN-2 perteneciente al aeropuerto de San Nicolás de Bari.

En Miami logra acceso a diferentes organizaciones contrarrevolucionarias que utilizan el territorio norteamericano para organizar y realizar acciones terroristas y provocaciones constantes contra nuestro país, con el propósito de desatar una confrontación militar entre Cuba y Estados Unidos.

Su esposa, Olga Salanueva Arango, es miembro del PCC desde 1990 y graduada de ingeniería industrial. Comenzó a trabajar en 1977 en la empresa Tenerías-Habana, primeramente como contadora y luego como ingeniera.

En enero de 1997, Olga viaja a Estados Unidos para unirse a su esposo, acompañada de su hija mayor Irma González Salanueva.

En 1998, pocos meses antes de ser detenido René, nacería en territorio norteamericano la más pequeña de la familia, Ivette González Salanueva.

A raíz de la detención de René y del resto de los compañeros, comenzó un proceso de amenaza y chantaje de diferentes índoles hacia Olga y sus hijas, que incluyeron las presiones psicológicas y económicas, con el objetivo de que traicionara a su esposo, a su patria y a sus convicciones revolucionarias.

A partir de ese momento, el sacrificio y los peligros para su seguridad personal y la de su familia aumentaron ostensiblemente.

Aun en esas circunstancias, Olga decidió permanecer en Estados Unidos, llegando a jugar un papel importante como vía de comunicación entre los compañeros y su patria, y como apoyo moral.

El último intento de propuesta deshonrosa y humillante por parte de un enemigo impotente y adolorido, fue intentar doblegar a René, La respuesta del matrimonio no se hizo esperar y, como resultado, Olga sufrió en carne propia la más injusta de las detenciones, permaneciendo en una prisión del INS de Estados Unidos durante tres meses, tiempo en que no lograron doblegar ni un ápice su carácter rebelde y revolucionario.

A finales del 2000, Olga es deportada hacia Cuba, donde logra reunirse nuevamente con sus dos hijas.

A su regreso de Estados Unidos, la hija mayor, Irmita, se incorporó a sus estudios, primero en la ESBEC República de Panamá y luego en el Raúl Cepero Bonilla, del municipio Diez de Octubre, de La Habana.

La primera acusación presentada por la Fiscalía contra René fue de sólo 9 páginas, donde apenas había referencias a hechos, y predominan los adjetivos y los calificativos. Fue una maniobra para ganar tiempo hasta que se presentó una segunda acusación, en mayo de 1999, ocho meses después de la detención. Es entonces cuando se presentó el cargo de conspiración para asesinar, basado en la supuesta relación de uno de los acusados, Gerardo Hernández Nordelo, en el derribo de las avionetas que violaron el espacio aéreo cubano en Febrero de 1996.

Esta acusación, como se conoce, había sido un tema principal de la mafia terrorista y de las campañas escandalosas e incesantes de la prensa de Miami. Esa segunda acusación contó con 40 páginas, con cargos para abrir el proceso y estuvo un poco más documentada, en la intención de tipificar las supuestas acciones que se habían cometido, pero tuvo el regusto del cargo que se “cocinó” a fuego lento, durante 8 meses, para complacer a los enemigos de Cuba. Con ello se demostró de modo inobjetable que se estaba en presencia de un juicio político, claramente amañado y manipulado.

En resumen, fueron dos los cargos presentados en su contra:

  • Conspiración, que consiste en un acuerdo para cometer delito contra los Estados Unidos o engañar a ese país.
  • No reportarse como agente extranjero, consistente en actuar como agente de un gobierno extranjero sin ser diplomático ni comunicarlo al Fiscal General de Estados Unidos. De la forma en que está tipificado el delito en el Código Penal norteamericano el delito no está en ser agente extranjero, sino en ser un agente extranjero sin estar identificado.

Por los mismos fue sentenciado a 15 años de privación de libertad por un tribunal federal de La Florida.

La misma jueza, Joan Lenard, impuso condenas a cadenas perpetuas a Gerardo Hernández y Ramón Labañino, inculpados de intentar penetrar instalaciones militares estadounidenses y de infiltrarse en grupos anticubanos radicados en la ciudad de Miami. Fernando González fue sancionado a 19 años de prisión, mientras Antonio Guerrero recibió condena de cadena perpetua y otras dos adicionales de cinco años de reclusión cada una.

El Gobierno de Cuba sostiene que los cincos sólo recopilaban información para evitar los actos terroristas que desde territorio norteamericano planean y ejecutan contra nuestro país los grupos anticubanos.

Las vistas de sentencia fueron manipuladas e influenciadas por la extrema derecha contrarrevolucionaria de origen cubano, para lo cual varios periodistas recibieron pagos del gobierno norteamericano, y el proceso fue “amañado, desinformado y efectuado bajo colosal presión”.

René González cumplió íntegramente su sanción en una prisión de Pennsylvania, alejado con toda intención del resto de sus compañeros y privado de recibir visitas conyugales durante el cumplimiento de toda la condena.

A la 4:30 de la madrugada del día 7 de octubre de 2011, sería liberado de la cárcel de Marianna, aunque por orden judicial debía permanecer en Estados Unidos bajo el régimen de libertad supervisada por tres años más.

En marzo de 2012, la misma jueza que lo sentenciara, autorizó como gesto humanitario y bajo determinadas condiciones, que viajara a Cuba para visitar a su hermano, el cual se encontraba gravemente enfermo. El 30 de marzo arribó a La Habana en visita privada y familiar.

El 3 de mayo de 2013, la jueza Lenard aceptó la solicitud presentada por René para modificar las condiciones de su libertad supervisada y permanecer en Cuba a cambio de la renuncia a su ciudadanía estadounidense.

De esta manera, dentro del período de los 3 años de libertad supervisada en suelo norteamericano, llegó René González a Cuba en lo que debía ser una visita temporal y privada para asistir al funeral de su padre. Pero, como consecuencia de la aceptación de su petición, René, quien es además ciudadano cubano y cuya esposa, hijas y nieto viven en Cuba, fue instado a presentar en menos de un mes a la Corte o al tribunal norteamericano, un informe de su estado de renuncia y una copia certificada, de cualquier certificado emitido de pérdida de nacionalidad.

A las 2:00 pm del 9 de mayo de 2013, René González recibió en la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana el documento que certificaba su renuncia a la ciudadanía estadounidense. En conferencia de prensa posterior al hecho, el Héroe de la República de Cuba anunció que a partir de ese momento se dedicaría a la lucha por la liberación del resto de sus compañeros, sin la cual no puede llegar a sentirse libre.

Su actividad durante todo este tiempo ha estado estrechamente vinculada a la campaña en favor de la liberación de los mismos.